jueves, 9 de agosto de 2007

Ella y su andar

Entro a la pizzeria, camino hacia la mesa a la que me iba a sentar y, por esas cosas que tiene el accionar humano, levanto la vista por sobre mi hombro izquierdo. Y ahí estaba ella. Ni más ni menos; ella. Con ese andar tan inconfundible como la derecha del Enzo. Ese andar calmo pero seguro. Anestésico pero sugestivo. Sin pausa pero seductor. Tanto como el andar de un tren, o de una babosa, pero el caso es que ese caminar por nada se detiene. Ya pasaron más de seis años, y sin embargo, no olvido su paso. Ni su sonrisa. No olvido cómo se acomoda el pelo. No olvido lo que me gustaba de ella hace seis años, y lo que me gusta de ella hoy. Nos vemos en el colectivo. En Palermo, en pleno centro. En Pilar, en Del Viso. Nos cruzamos en todos lados. Aún así, nos cruzamos pero no nos vimos. Aún así, y después de más de seis años, parece que todo cambió para que nada cambie.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

me gusta lo q escribis, espero q cada dia me dejes conocer mas de vos y de lo q escribis.
un beso
Ale

Anónimo dijo...

Este me gustó la primera vez que lo leí, y ahora que he vuelto a leerlo me confirmo a mi misma que TE ODIO POR NO SEGUIR LETRAS CONMIGO HIJO DE PUTA, TENÉS TALENTO NATURAL. Está excelente.
Rakelita la loka y Romancito Homero, que rie desde la cuna con tus textos.

Anónimo dijo...

Lo tuyo es nato..
Simplemente...espectacular!