lunes, 31 de diciembre de 2007

De la cadera para abajo: zona de riesgo

Impresionante. Otra palabra no existe. Hoy te conocí, y si bien voy a mantener tu identidad oculta, ojalá algún día lo leas y sepas que sos vos a quien va dirigido esto. ¡Qué cintura que tenés! No tiene forma alguna de ser descripta. Esa cinturita, como la movés de lado a lado. Sabés bien que te estoy mirando, e igualmente seguís moviéndola, de lado a lado... provocándome, incitándome a probar la carne prohibida. Me dejas ver que existe, pero no me dejas tocar... después de un tiempo, me dejas tocar, pero no me dejas probar... y me doy cuenta de que cada día estoy más cerca de, finalmente, probarla. Para mi, esa carne debería estar contaminada. Pero no lo puedo evitar. Sos una irresistible tentación. No puedo dejar de imaginar mis brazos envolviendo tu cintura. No puedo dejar de pensar lo radiante que me voy a ver cuando esas piernas me pertenezcan. No puedo dejar de pensar lo feliz que me haría enredarme con tu cuerpo entre las sábanas. La alegría que va a invadir mi cuerpo cuando logré, finalmente, estar dentro tuyo. Cuando, finalmente, logre que esas piernas, esas piernas con las que tanto soñé durante meses, sean mías, aunque sea, por una noche.