domingo, 9 de diciembre de 2007

Mora, la nena bien

Mora tiene 17 años. Dice ser virgen, aunque su voz la contradiga. Es de una familia bien del Sur del Gran Buenos Aires, que no deja que le falte nada. Va a un colegio privado, en el que todos usan uniforme para parecer iguales y ocultar sus diferencias bancarias. Mora será una futura arquitecta, aunque no creo que de la UBA como ella quiere, porque como en su casa no está acostumbrada a hacer nada, dudo que en esa selva que es la Universidad de Buenos Aires, vaya a sobrevivir más de un cuatrimestre. Mora dice ser virgen, aunque estoy seguro que no lo es. Juega con esa seudo inocencia de quien cree que sabe todo sobre la vida, pero al final de cuentas, no sabe nada. Sin embargo, ella juega y sigue jugando con fuego. Juega y juega, hasta que un día se queme. Y, ese día, quizás, deje de jugar con fuego.
Mora cree saber tanto sobre la vida, tenerla tan clara, que los primeros comentarios que ella hacía acerca de que nadie iba a influir en sus relaciones, terminan, sin que ella lo sepa, influyendo. Como tantos otros casos: la nena bien, no puede nunca ser desvirgada, o incluso “poseída” por alguien que no sea de su misma clase. Entonces, el padre, ni lerdo ni perezoso, se preocupa por presentarle y hacer que se encuentre sistemáticamente, con la persona que él cree es la mejor para su hija. Sin saber realmente, que ese pibe que él seleccionó para el desvirgue de su nena, es un tarado que lo único que busca es sacarse la calentura. Que poco le importa lo que Mora piense. Que en realidad, le viene haciendo el jueguito de amigo desde que la conoció, porque carece de la valentía suficiente que todo hombre debe tener al momento de adentrarse en ese mundo tan complicado que es la mente de una mujer. Más allá de esto, es indudable que su patético jueguito de amiguito, le está dando frutos. Nunca estuvo tan cerca de desvirgarla, de poseerla. Nunca estuvo tan cerca de completar su más ferviente deseo carnal desde que la conoció.
Mora es así. Culpa a una persona de hacerla llorar, cuando esa persona realmente llegó a quererla. Mora idolatra a otra persona, que lo único que quiere es calmar su libido dentro de ella. Así es Mora, esta nena de 17 años que, con sus 97 de turgentes bustos, lejos va a estar de terminar siendo una mujer fiel y demás. Lamentablemente para ella, y lamentablemente para la persona que realmente llegó a quererla y sufrió, y la perdió por no ser de su mismo círculo social, Mora terminará en una página de Internet dentro de algunos meses, como mucho algunos años. Ofreciéndole su cuerpo a algún empresario, igual que su padre, que estén dispuestos a depositar sobre esa piel tersa, unos billetes a cambio de 60 minutos de alegría.
Una lástima para ese tipo que tanto la llegó a querer, porque es probable que con lo chico que es el mundo, algún día crucen sus destinos en esa oscura habitación, con olor a sahumerio y una tenue luz roja que ilumine sus figuras. Ese es el final predestinado para Mora. Una futura arquitecta que lo tiene todo. Pero aún teniéndolo todo, terminará como una costosa y exclusiva acompañante.

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