Y hoy estoy, acercándome hacia vos… sin darme cuenta, sin darme cuenta. Te miro, te sueño… te miro mientras duermo, y te sueño despierto. No sé por qué será, ni sé cómo terminará. Lo único que sé es que hace ya varios días que me pasa. Cuando estás cerca mío, sea de la forma que sea, siento que un fuego recorre mi cuerpo. No sé por qué será, ni sé cómo terminará, pero lo único que sé es que mi pequeño universo gira y gira, y sigue girando… y siempre, pero siempre, gira en torno a vos. En torno a tu voz. En torno a tu contorno; esa impresionante silueta de típica femme fatal argentina, que me vuela la cabeza con sus gestos. Y así, pasan y pasan mis días, y yo sigo… sigo imaginándote. Imaginándote con ese largo pelo al viento, rozando esas tan cuidadas puntas por mi cara… y yo, como el mejor de los maratonistas, sigo corriéndote. Te corro desde atrás, siempre, tratando de alcanzarte para decirte las muchas cosas que despertas en mí, y lo mucho que me gustas. Pero me es imposible alcanzarte. Te me escapas, sos muy ágil… tan femenina como ágil, astuta. Te miro, y mis ojos lloran de la emoción. Ellos fueron los primeros que me acercaron esas curvas que limitaron mi cerebro a procesar sólo sandeces. Ellos fueron los primeros que me dijeron que estabas lejos pero que, con cada día que pasaba, te tenía un poquito más cerca. Con el olfato, el olor de tu piel penetra en mí, para quedarse latente cuando no te tengo cerca. Él hace que vos sigas estando conmigo, aún cuando no lo estés físicamente. Cuando mi cerebro interpreta que ese olor te corresponde… ¿cómo explicar lo que hace mi cerebro cuando decodifica eso y lo transforma en esa inigualable sensación? Y no, la verdad que no sé ni se me ocurre cómo describir eso, porque todo pasa tan rápido que no puedo ni darme cuenta de lo que me pasa. Con el oído, esa dulce mezcla de ruidos que forman tu voz, se transforma en el Dictador de mi cabeza, diciéndole que es lo que debe hacer. ¡También, como para que se niegue! ¿Semejante dulzura y pretendo negarme? Ni pensarlo. Con el gusto, me desasno que, efectivamente, existís. Que sos de carne y hueso, y que ese sabor dulzón que tenés, me encanta. Que me lleva a quedarme días enteros haciendo uso de este sentido, sin detenerme. Pero debo hacerlo. Debo detenerme. Simplemente, para darle paso al tacto. Ese don divino que Dios nos dio, y que me permite recorrer cada centímetro de tu piel, descubriendo tus múltiples y a la vez hermosas imperfecciones. Descubriendo que cada poro de tu piel, respira por sí mismo cuando es recorrido. Que vive sus propias sensaciones. Que juega su propio partido. Sos una total delicia para mis cinco sentidos.
Qué mas te puedo decir, si sos todo lo que puedo querer. Sos todo lo que puedo soñar, hasta el día en que te encuentre.
Qué mas te puedo decir, si sos todo lo que puedo querer. Sos todo lo que puedo soñar, hasta el día en que te encuentre.


1 comentario:
No puedo creer que tanto talento este oculto aca..desde lo mas profundo del alma, felicitaciones..lei varios de los cuentos, y simplemente no tengo palabras, pero especificamente este es..muy profundo, intimo..sincero..
Espero estes bien..cariños!
Publicar un comentario