miércoles, 13 de febrero de 2008

Carta a mis lectores

Buenas!

Les quería comentar que si notan cierta "desactualización" en el contenido de este blog, es porque me estoy cansando de los muchos problemas que me da Blogger para renovar la parte estética de este espacio, de modo que se vea más como a mi me gustaría, que como les gustaría a ellos. Por eso mismo, recorriendo muchos lugares, encontré WordPress. No sé si será la solución a todos mis problema de diseño blogero. Estamos en un periodo de prueba en el que iremos viendo cómo convivimos (el blog y yo). Voy a tratar de actualizar ambos espacios, pero cómo me imagino son inteligentes (porque sino no estarían acá), sabrán entender la dificultad que presupone crear contenidos del tipo que creo, con una frecuencia aceptable ¡y para dos blogs simultáneamente! Tampoco es mi idea copiar las entradas de uno en el otro, porque sino ustedes no entrarían. Sí voy a copiar alguna que me guste mucho, o que les haya gustado mucho a ustedes. Con el tema de la frecuencia, y teniendo en cuenta que hoy me anoto en la facu, y en un mes (aprox) estaré empezando las clases, imagino que la actualización será semanal para los dos blogs. La gran parte de ustedes tienen forma de contactarme por privado, con lo que acepto sugerencias si quieren leer sobre algo en particular que se me haya escapado hasta ahora.

Algo que no me gustó de WordPress: no puedo modificar las plantillas (si quisiera), pero como para modificarlas necesito disponer de un tiempo para aprender html y css, y hoy día, es un tiempo del que no dispongo, mucho no me afecta. Otra cosa que no me atrae mucho, es que parece que recibe mucho Spam comment, así que veremos que tal lo filtra. Si no me satisface, volveré acá (y terminaré aprendiendo html y css). Así que así seguiremos, por lo menos por un tiempo que considere prudencial, para ver si el otro blog cumple con los requerimientos que quiero. Espero sepan entender esta situación, pero tengo una idea totalmente distinta en cuanto a diseño. Y si bien se está registrando un aumento considerable de visitas a este blog (no sólo de Argentina, sino también de Chile, México, EE.UU. e Inglaterra), siento que les fallo al no poder darles todo de mi. Y eso incluye un diseño atractivo del blog.

Espero disfruten todas las entradas, y mientras aprendo bien html, css y todo eso, entiendanme por favor. Les dejo la dirección del nuevo blog para que visiten, y opinen al respecto:
http://masciangioli.wordpress.com/
Saludos a todos!

viernes, 8 de febrero de 2008

La actitud de la chica del colectivo

¿Qué es lo que lleva a una mujer que se sabe linda, a convertirse en un total fastidio a quien dirigirle la palabra? Sinceramente, no lo sé. Tal vez eso, justamente. El saberse linda. El saber que todas las miradas están tras sus curvas. Es probable que sea eso. Debe ser eso. Debe ser algo denominado vanidad, que las lleva a creerse personas omnipotentes. Semi diosas, como esas de las que leemos en los cuentos mitológicos.

Es realmente una lástima que se comporten así, siendo las embajadoras de la belleza humana sobre esta tierra (por lo menos, desde el punto de vista típico machista). Siempre a la defensiva, no se dan cuenta que si bien (a la mayoría) nos parecen lindas las mismas mujeres, eso no significa que querramos salir con ellas. Así es... no siempre tiene que ser linda la mujer para que querramos salir con ella. A veces, tiene que tener algo denominado "cerebro". Y lo tiene que saber usar, obviamente. No tiene que ser repulsiva.

Todo esto viene a colación (que palabra más linda, ¡me encanta!) de que ayer estaba en Belgrano (para mis lectores internacionales - sí, sí, hay gente que me lee fuera de los límites de la Argentina -, Belgrano es un tradicional barrio de la Ciudad de Bs. As.) y vi una chica que era igualita, pero un calco realmente, de Amanda Peet (para los que no la conocen, acá dejo un link de Wikipedia.org). Parecía un clon de esta actriz. La cosa es que ella, un chico y yo estábamos en la parada de un colectivo. Yo, tercero en la fila, tenía una buena vista de la situación. El chico le preguntó algo a ella y, con esa tan afamada creencia de: "soy la más linda", le contesta en forma tajante que no sabía la respuesta a lo que él preguntaba (algo relacionado con el recorrido del colectivo). Resulta que los tres subimos al colectivo (aclaro que yo tampoco sabía la respuesta a la pregunta del chico, sino se la hubiese respondido yo). El pibe le pregunta al chofer, que me parece que muy clara no tenía la ruta, y se sienta. Después de 45 minutos de viaje, el chico se va a bajar del colectivo. Y, oh! sorpresa! ¿A qué no saben quién se bajó en la misma parada? El clon de Amanda Peet.

Conclusión: la chica sabía perfectamente la respuesta a la pregunta del chico, porque sino no sabría ella dónde bajarse. Entonces... ¿por qué no responderle con una sonrisa, simplemente: "disculpá, pero no sé donde queda tal calle"? o, en su defecto, y lo que hubiese sido muchísimo más lógico, sincero y sensato: "sí, mirá, justamente yo me bajo ahí, así que te aviso". Un poco más de cordialidad nunca viene mal. Sobre todo cuando el hombre en ningún momento tuvo la intención de "cortejarla", ni mucho menos. Lo único que pretendía era no pasarse 45 minutos arriba de un colectivo, para bajarse del otro lado de la ciudad sin necesidad.

jueves, 7 de febrero de 2008

Griselda

Qué contenta que te pondrías, Griselda. Estarías babeándote, de un lado para el otro, si me vieses ahora. Pantalón de vestir, zapatos y camisa. Siempre empilchado, como a vos siempre te gustó, y tanto me insistías, y tanto me negaba. Te babearías, saturándoles los oídos a tus amigas, con los detalles de cómo me veo así. Qué diría Ale, si se enterara, que a esta altura, estaríamos cumpliendo, prácticamente, dos años de relación. Que ya no voy tan seguido a los McDonalds, por ahí no por falta de ganas sino de tiempo, pero empiezo a circular lugares de otro tipo, así que no podrías volver locos a esos pobres pibes con la hamburguesa grillé y todas esas cosas… Que hoy me siento a comer en restaurantes de esos que te gustan a vos, rodeado de gente que por poco me triplica en edad, pero con la que seguro voy a aprender mucho. Cómo te pondrías, Griselda, si hoy me vieses, con 3 o 4 kg. más con respecto al peso que tenía cuando salíamos. Que con la camisa, los zapatos y todo eso, no parezco ese pibe de 22 que conociste, que parecía de 18. Sino que ahora, con casi 25, cuando me pongo esta ropa, parezco de 28. Siempre serio, con pelo corto, y afeitada diaria, me imagino que te gustaría todo esto. Me imagino que te gustaría saber que paré un poco ese mambo de comprarme lo último en tecnología, para terminar mi casa como yo quiero. Que puteo menos, aunque alguna siempre se me escapa… Que sigo con mi misma psicóloga, ya pude resolver algunos temas, ¡y vamos por más! Te juro que cada vez que me pongo todo esta ropa encima, y me veo frente a un espejo, te me apareces en mi mente con una expresión muy graciosa, haciendo alarde de la situación, y disfrutando más que nunca el tenerme así. Para que te des una idea, ahora me visto todos los días como la vez de la fiesta de Sony. Con eso te resumo cómo me visto hoy día.


No sé… me da la sensación de que te gustaría esta nueva versión mía. No cambié una cosa que digan: "¡guau, qué bruto!" pero cambié. Sí. Lejos de ser un gran cuento, un gran relato, o lo que sea. Lejos de lo que escribo cada tanto en este humilde rincón, la idea era contarte todo esto que dije. Simplemente eso.

jueves, 31 de enero de 2008

El agua y yo

Mi día de ayer se volvió emocionante cuando salí del laburo, me fui a capital, hago las cosas que tengo que hacer, paso por el cajero, y cuando llego a la esquina del Banco (Santa Fe y Julián Alvarez apróx.), me cae una gota en la cabeza. Miro: era agua. Agua de lluvia. Miro mi reloj: 21.03; me acuerdo del gordito que da el tiempo en el 13 a las 7 de la matina y su atemorizante pronóstico: "esperamos lluvias intensas para las 21". Por más bien que me cae, por la cara de tan buen tipo que tiene, no puedo evitar acordarme de sus familiares, y sigo caminando. Llego a la esquina de Santa Fe y Scalabrini Ortíz, y ¡pum! se vino el cielo abajo como cuando una piñata es rota. Me quedo refugiado en el toldo de un negocio durante unos minutos. Pero ya pasaron 20, parece que cada vez llueve más fuerte, las veredas se empiezan a inundar (y ahora me acuerdo de los familiares del amigo Ibarra, porque Macri asumió hace muy poco, y Telerman tuvo que completar un cargo para el que no fue elegido). Pienso: "si me quedo acá, paso la noche entera parado como un poste". Veo la gente que pasa tan mojada como el agua que cae del cielo. Y bue, pero si no salgo de acá, no llego más a casa (desde que el colectivo arranca en la puerta de La Rural, tengo una hora hasta la puerta del barrio). Me calzo la mochila en los dos hombros, y empiezo a correr. Llego a la esquina de Santa Fe y República Arabe-Siria, y no sólo estoy empapado, sino que también la esquina está tapada de agua. Salto el charco, me quedo corto, y caigo en el medio de una laguna que la tan querida ciudad me obsequia. Me corro todo el Botánico, inundado y sin poder ver lo que pasa 10 metros más adelante. Una lente de contacto se me mueve, y pierdo el foco de hacia dónde estoy yendo. Parezco un barco sin su centinela, un equipo de fútbol sin su 5. Con toda el agua que mi cuerpo y mi ropa pueden absorber, sigo corriendo. Llevo cerca de 500 metros de correr sin parar bajo una interminable cortina de agua. Cuando llego a la Calzada Circular, lo único que atino a hacer es a quedarme debajo de una parada de colectivo, agarrar un CD, y tratar de buscar donde estaba mi lente... Estaba, sí. Pegada al párpado. Gotitas lubricantes para hacerla bajar, reacomodo los faroles, pongo las luces altas, intercambio dos palabras con un tipo al que, probablemente, no vuelva a ver en esta vida, y sigo corriendo. El techo de un puesto de diario me resguarda antes de cruzar corriendo Las Heras, con tanta agua en los zapatos que podría hacerme unos fideos ahí adentro. Cruzo el Zoo, Sarmiento y llego a La Rural, saco boleto y me subo al bondi, hecho un trapo de piso recién usado de 1.77 de estatura. Dejo la mochila en el asiento de al lado, me escurro la remera. Sí, sí, me la escurro. Y cuando saco mi mp3 para tratar de distenderme un poco, veo por la ventana que ya paró de llover. ¡Uyyyy, Barba! ¿Es necesario que me hagas pasar por todo esto? ¿Tan flojo vengo en comportamiento, como para haber pasado por todo esto, cuando si esperaba 15 minutos más abajo de ese toldo, no me mojaba ni un poquito? Bue, qué le voy a hacer... para variar, se me sentó un boludo al lado, haciendo imposible que ese increíble jean blanco que es la última en subir, se me siente al lado. Le mando saludos a la familia de este pobre tipo en 3 idiomas diferentes, y me resigno a ver la ruta inundada. Ya no llueve. Me pongo contento. 40 km. de ruta y sin lluvia, definitivamente es algo bueno. "Para cuando me baje, por fin voy a poder caminar sin agua sobre mi cabeza", pienso. Algunos kilómetros más adelante, se largó (¡otra vez!). ¡¡¡Puf!!! Ay, Barba, Barba... seguro que estás leyendo mi mente, y sabiendo lo que estoy pensando de vos. No creo que te importe mucho, ¿no? No digo ser un hijo pródigo, pero tampoco para que me des el baño de mi vida. No termino de poner un pie abajo del colectivo, que me vuelvo a inundar. Resignado, no me queda otra que caminar las 7 cuadras que separan la entrada al Barrio de mi hogar, dulce hogar. Camino lento, bajo la lluvia. Como quien vuelve a su refugio con el caballo cansado de tanto andar... encontré algo bueno de todo esto: más, no me puedo mojar. Creo que a esta altura ya soy inmune al agua. Creo que tengo una especie de piloto invisible que se encarga de hacer que el agua resbale por mi cuerpo, para desvanecerse en la calle. Por fin llego a mi casa... empanadas calentitas, recién sacadas del horno me esperan. Me siento, las como... mirando un rato de tele antes de bañarme. Para que me voy a bañar antes de cenar si me mojé, me sequé y me volví a bañar antes de llegar a casa siquiera. Si me voy a enfermar, ya hace como una hora que es tarde para darme un baño caliente. Las noticias dicen que la temperatura bajó 13 grados entre la tarde y la medianoche que nos invade. A esta altura, ni idea de qué temperatura tiene mi cuerpo y, a decir verdad, poco me importa eso. Ducha y a la cama, a descansar para alguna nueva aventura que me deparará el día de mañana.

sábado, 26 de enero de 2008

Nueva opción

Queridos lectores,

Cómo habrán notado, al final de cada entrada hay una nueva opción. Es la de "escuchar este post". Es una nueva forma de que lo que escribo llegue a personas con algún tipo de discapacidad. O simplemente a personas que quieren pasear por un blog de una manera diferente. Cuando clickeen ahí, les abre una página que crea un archivo mp3, que despues pueden bajar a su compu. Así que me van a poder llevar al lugar que más quieran con sus reproductores portátiles, jajaja. Es una voz robótica, pero vale la pena probarlo. Bueno, espero que les guste. No sé si conformaré a todos, pero me pareció algo piola de hacer.

Saludos!

sábado, 19 de enero de 2008

Angel de día, no tanto de noche

Su padre la cree una santa. Pero lejos está de eso. Mora es una santa delante de sus padres, y hace salir al Diablo de su cueva cuando la noche la encuentra lejos de los controles. Remeritas sin corpiño, que hacen que sus 97 exploten contra la remera y hagan babear a todos los tipos… Baila arriba de los parlantes del mismo boliche, sábado tras sábado, provocando a los patovicas que la “cuidan” y a cada uno que pasa cerca de ella. Si se pone un pantalón, es uno bien apretadito con una tanga debajo, que marca a la perfección esos 95 cm. que, desde atrás, hacen que los hombres quieran perseguirlo hasta el fin del mundo. Si se pone pollerita, siempre es corta, y también siempre “olvida” ponerse ropa interior, dándole una dosis extra de placer a los mirones.
Esa es, ni más ni menos, el angelito de papá A.
M. Ese es el angelito que, de día, nadie creería que puede hacer lo que hace de noche. Esa carita angelical que consume éxtasis para aguantar toda la noche moviéndose. Ese angelito que, con dulzura, compra miradas de día a un precio accesible, y de noche vende sus cotizadas y en constante alza acciones a un precio invaluable. Esa es, ni más ni menos, Mora.